No sé, no entiendo, no me importa… pero es mucho (Por Ramón Fonticiella)

El título es la síntesis de las opiniones de algunos habitantes de Salto, sobre la comentada realidad financiera de la CTM. La formé leyendo la publicación de El Pueblo de este domingo, que  cita además opiniones e informaciones de un periodista y referentes políticos. Me preocupa que Salto haya entrado en la onda de “no saber, no conocer, no importarse“ y, lo que es peor, no reclamar información de lo que se hace con su plata. Más me angustia saber que esos vecinos valoran que es mucho el dinero que se gasta, aunque no rebobinan que esa plata sale de sus bolsillos.

Es razonable que un obrero o quienes trabajan de sol a sol, tengan poco tiempo y ganas de informarse de los gastos de la represa. Pero el pecado no es de los laburantes: es de los referentes políticos que no se esfuerzan en informar. Ni siquiera pasan datos de cómo contratan.

Es una política muy generalizada de la administración pública, sobre todo en el territorio que tiene el río Daymán por el Sur y el Arapey Chico por el Norte. Hablo de lo que conozco; no podría referirme con fundamento a otros lares. Acá no hay sedes centrales de ninguna dependencia nacional; la CTM y la Intendencia concentran las manifestaciones de administración pública que toman decisiones, contratan servicios y personal y realizan compras, por tanto, vuelcan fondos.

No existen mayores variables entre ambos sistemas, por lo menos en el presente; en otras administraciones, puedo asegurar que había otros procedimientos, aunque no existiera publicidad pagada para difundirlo.

Esa forma de actuar, adornada con aplausos mediáticos y contrataciones para difusión de “beneficios a la población”, ha generado una imagen virtual que probablemente no siempre se asimile a la realidad. Pero la gente se acostumbra a oír o leer que eso “está bien”, aunque no lo entienda, le lleguen migajas de información o le parezca que no tiene nada que ver con su realidad diaria. Nadie le ha explicado, hasta ahora, a los habitantes que cada peso de los 80.000 que como mínimo gana el peor pagado de los nuevos contratados de CTM, sale de sus bolsillos. La plata que viene de Rentas Generales es fruto del IVA que paga por su ropa, por ejemplo, o de la factura de la luz. Cada vez que una Rendición de Cuentas de la Intendencia va a la Junta Departamental, nadie se preocupa por saber qué plata se recaudó, por qué motivos ni en qué se gastó. Este lamentable accionar no es nuevo, pero ahora es casi impositivo. A pesar de mi esfuerzo me es difícil entender, por ejemplo, cuánto recaudan los moteles municipales de Arapey, porque la construcción de la Rendición de Cuentas es de tal complejidad, que sólo pueden entenderla sin asistencia quienes la hicieron.

Es grave que la población no sepa ni le importe en qué se gasta; peor es que no se dé cuenta que el dinero es suyo. Los gobernantes deberían informar, sin ser interpelados, generando transparencia; hay referentes políticos dispuestos a hacerlo.

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