La proliferación de grandes cadenas comerciales en el mercado local y en casi todos los rubros destruye empresas, sobre todo micro y pequeñas, en las que trabajan dos tercios de la mano de obra privada y así suprime miles de empleos, “por eso nos parece que es una operación de extracción de riqueza genuina de nuestro mercado”, advirtió en INFO24 el presidente de la Asociación de Micro y Pequeñas Empresas (Anmype), Pablo Villar.
Villar destacó que el de mypes “es un sector relevante de la economía no solo porque es casi el 99% de las unidades económicas sino que está distribuido homogéneamente” entre “Interior” y “Montevideo, y casi distribuido homogéneamente en los distintos sectores de actividad: servicio, comercio e industria”; otro “dato fundamental” es que en él “trabaja entre el 60 y el 65% de la mano de obra privada ocupada”, por lo que “si nosotros tenemos políticas de sostenimiento o podemos agregarle políticas de incentivo, como le hemos propuesto al ministro de Trabajo y al presidente de la República, que promuevan y fomenten que un trabajador sea un puesto agregado, genuino y creado por mypes, podríamos estar haciendo un fuerte impacto en el empleo y también en la sociedad toda”.
El trabajo de las mypes “aporta” del “30” al “38% del PBI” y “básicamente su mercado es el interno de consumo final y el sector empresarial mediano y grande que trabaja en el mercado interno y que puede ser exportador o no; o sea que de alguna forma está en complementación productiva con los otros segmentos empresariales”; es por esto que Anmype reclama al gobierno “políticas sectoriales donde estas empresas micro y pequeñas se complementen con otras empresas industriales o agroexportadoras para tener un funcionamiento armónico de nuestra economía y nuestro tejido productivo, que sea integral e inclusivo; y todos esos atributos están dados por políticas transversales más políticas sectoriales”, que deben “empezar a reinstalarse, porque hace algunos años tuvimos buenas experiencias a partir de aquel instrumento que fueron los Consejos Sectoriales”, recordó Villar.
Después se refirió a las grandes “cadenas” comerciales advirtiendo cómo “impactan (…) negativamente en el resto del tejido comercial” del país al “sustituir esa satisfacción de la demanda existente, única, porque estamos hablando de nuestro mercado (…) pequeño”, provocando así “destrucción de empleo y de empresas a través de la destrucción de comercios, que empiezan (…) facturando menos” y culminan “con su cierre final”, graficó.
Los perjuicios operan tanto desde la demanda como desde la oferta. “Su potente poder de compra (…) primero establece condiciones de entrega, de consignación, de forma de presentación, de devolución de los productos perecederos que se echan a perder; y además imponen precios”, con lo que “deja de ser formador de precio el productor” y entonces “empieza a formar el precio el comprador con ese gran poder de compra, y nuevas condiciones de pago, por lo general lejanas: 40, 60, 90, 120, 180 días”.
“Eso es lo que este cambio del formato comercial ha tenido” en “impactos negativos en el sector comercial” por “la destrucción que supone”, como también “al sector industrial o al proveedor de frutas y verduras en cuanto a las nuevas condiciones que plantea y los nuevos formatos de pago”, señaló.
Todo ello, anotó Villar, va “sumado a otro tercer elemento: que todas estas cadenas han desarrollado lo que se llama sus ´marcas blancas´: se encuentra leche, arroz, fideos, detergentes con la marca de la propia cadena, que en principio puede estar producido por alguna industria nacional, pero después de que una cadena impone su marca de un producto, seguramente si no tiene arreglo con esa industria nacional lo importa y lo sigue vendiendo con esa marca que es suya, y ya ni siquiera tenemos un proveedor local”, alertó.
“Esto realmente genera un impacto en cuanto a destrucción de empresas, de empleo e impactos negativos también en nuestro sector industrial”, recalcó; luego explicó que “el tejido productivo nacional, que son muchos miles de comercios, atendiendo a esa demanda interna tienen un efecto distribuidor de la riqueza en sí mismo, pero cuando se establece un proceso concentrador de esta naturaleza y los comercios chicos van quedando a la vera del camino, y 200, 300, 400 comercios en la zona de influencia de un gran supermercado son sustituidos por éste, (…) es altamente concentrador y esa riqueza generada no se queda en el país; por eso nos parece que es una operación de extracción de riqueza genuina de nuestro mercado”.
Para contener y equilibrar la tendencia proponen que “a partir del gobierno se instale una campaña, apoyada por las cámaras empresariales y por los trabajadores” organizados, para reeditar una “política activa de desarrollo industrial (…) tratando de instalar, comunicar y sensibilizar a nuestro mercado local y a nuestra población toda para que realmente tengamos esa cultura de ´compre nacional´, que es donde trabajan nuestras familias, hijos, vecinos, en definitiva donde trabaja toda la población nacional”.
