En un reciente video de Radio Arapey, la abogada Agustina Escanellas dejó en claro su intención de mantener su puesto en la Comisión Mixta de Salto Grande (CTM), incluso si resulta electa como diputada por el Partido Colorado en el sector de Andrés Ojeda. Cuando el periodista Jorge Rodríguez le preguntó si renunciaría a su cargo en la CTM en caso de ser electa, Escanellas, sin mostrar un ápice de vergüenza, respondió que no. Esta declaración no hace más que reafirmar lo que muchos ya sospechaban: Escanellas es una oportunista que se aferra a un puesto que le fue otorgado a dedo, sin tener en cuenta la ética y la transparencia que deberían regir en un cargo de tal importancia.
No es la primera vez que Escanellas muestra su falta de compromiso con los principios básicos de la honestidad y la responsabilidad. Su renuncia al sector «Vamos Salto» tras negarse a cambiar su contrato en la CTM es solo un ejemplo más de cómo prefiere proteger sus propios intereses antes que seguir las directrices de su partido. En lugar de aceptar un contrato a término, como le solicitaban, decidió abandonar el sector y mantenerse en su puesto en la CTM, un lugar al que llegó únicamente por su afiliación política, y no por sus méritos o cualidades profesionales.
Lo más indignante es que Escanellas, además de su cargo en la CTM, ha sabido aprovechar su posición para multiplicar sus ingresos. Como lo señala la reciente editorial de Tiempo de Noticias, Escanellas ha estado cobrando por su trabajo en Salto Grande, por su rol como diputada, y por su actividad privada como abogada, todo mientras marca el reloj y utiliza la oficina de la CTM para sus propios fines personales. No es difícil ver por qué se niega a dejar este lucrativo puesto: los bolsillos llenos de dinero parecen ser más importantes para ella que la integridad o el servicio público.
Pero no solo se trata de dinero. Escanellas, a pesar de su comportamiento claramente reprochable, ha encontrado una forma de blindarse aún más al afiliarse al sindicato de la CTM, lo que le proporciona una capa adicional de protección ante cualquier intento de removerla de su cargo. Es evidente que su prioridad no es servir al pueblo, sino mantenerse en una posición cómoda y bien remunerada, sin importar a quién deba traicionar en el proceso.
La falta de ética de Escanellas no tiene límites. Aprovechadora y sin escrúpulos, ha demostrado estar dispuesta a hacer lo que sea necesario para mantener su estatus. Su negativa a renunciar a la CTM si resulta electa como diputada es solo la más reciente prueba de su descaro. Agustina Escanellas no merece ocupar ningún cargo público; es, en todo caso, un símbolo de lo peor que la política puede ofrecer: una persona que se aferra al poder sin importar el costo para los demás.
No la sacan ni con destornillador
