SI TE COMES LAS RAICES, DESPUES NO CRECE…

congo billGaribaldi Gómez nunca supo leer, la cabecita no le daba. Siempre trabajó como peón en los campos de una familia en Río Negro,  y su buena disposición para el trabajo le ganaba el corazón a la gente, que sumado a los modales aprendidos de su patrón, le daban un trato grato y educado.

El trabajo al aire libre y la buena alimentación le dieron un físico saludable y enjuto, y cuando periódicamente se hacía una escapada a la capital vestía con inesperada y  casual elegancia, porque había “heredado” ropa de su patrón que con los años y al criar panza, ya no entraba en ellos.

En una de esas andaba, cuando pasaba por un edificio de la plaza principal de Montevideo, (preguntándose qué estaría haciendo Artigas arriba de un percherón de carro), se encontró entreverado en un borbollón de gente que entraban, y terminó metido en un ascensor que lo desembarcó con los demás en un salón con una larga mesa y sillas.

Garibaldi no queriendo desentonar se sentó calladito y quedó esperando a ver qué pasaba.

La mesa estaba presidida por un señor con pelo destilo jipi, pero canoso y con los cachetes caídos, que hablaba con voz pastosa y aire profesoral, explicando que el “horno no estaba para bollos”, pero con lenguaje rebuscado y pinta de maestro ciruela.

Después habló otro con pinta de loquito mal bañado, que quería más impuestos, más impuestos y más impuestos, como decía un tal “maxs”, para terminar con la “burguesía” y hacer la gran revolución socialista…

Eso puso nervioso a Garabaldi que siempre escuchó a su patrón, que  los socialistas eran unos atorrantes que no querían trabajar y que cantaban con voz engolada “que p’a la trilla hay que madrugar”, cosa que demuestra que no saben nada porque la trilla se empieza a las 10 de la mañana, cuando el grano ya evaporó el rocío…

Después hablaron por turno muchos otros de los presentes, todo referido a la economía, la inflación, los salarios y la depresión y la “defensa de las conquistas”; Garibaldi escuchaba calladito, pero sin ver claro el asunto, hasta que fatalmente le llegó el turno a él, y todos lo miraron fijo…

Estuvo callado un rato, carraspeó, se pasó la mano por el pelo, miró p’arriba como buscando inspiración, y finalmente dijo, recordando las cosas de su  patrón viejo, (cuyo saco azul naval de “The Brigton” con una corbata de “La Silencieuse” llevaba puestos con gran elegancia) y dijo:  “En toda pradera hay una época de crecimiento. Existen la primavera y el verano, pero también el otoño y el invierno, a los que suceden nuevamente la primavera y el otoño. Mientras no se hayan seccionado las raíces todo está bien y seguirá estando bien…”

El cara flácida, (el Cdr. Austeri),  respiró aliviado, mientras que al loquito (Dany Colifatesker), le bailaba un ojo de la indignación, y le preguntó agresivamente: “¿quién es usted?

Garibaldi, manteniendo la calma como le habían enseñado las discusiones en el boliche de don Esmeraldo, (el que se calienta pierde), dijo con voz queda “gari-baldi”, y por la pausa del silabeo, lo tomaron por un economista extranjero.

Estimado Dr. Baldy”, y con una pausa “¿puedo llamarle Gary?” dijo cara flácida (Austeri), “¿podría ampliar un poco su idea tan gráficamente expresada?

Y Garibaldi, sin complicarse mucho, citó nuevamente a su patrón, agregando: “si las raíces de la pradera son profundas y y las lluvias ayudan, habrán forraje en el invierno, pero no hay que confundir exuberancia con fertilidad”; y luego de una pausa, (como le pareció muy corta la frase) “porque el sobrepastoreo es dañino no solo por lo que se come de más, sino por lo que se destruye por pisoteo…

Inmediatamente se generalizó una discusión fraternal, propia de los economistas progresistas progresivos, y empezaron a menudear los insultos y sacudirse el puño y a mentarse las madres en una forma que Garbaldi sabía terminaría en un lío como cuando el overo de Garrastazú, le ganó por un hocico la tobiano a Bentos Pereyra.

Disimuladamente Garibaldi se levantó y con cara de “yo no fui” salió de la sala y logró subirse a un ascensor que, luego de varios viajes, lo dejó en la planta baja rumbo a la libertad bis, (la plaza y la idem), y de allí a Tres Cruces a tomarse el ómnibus.

Después vino a saberse que Austeri había invocado sus comentarios para frenar las propuestas de confiscación de Colifatesker, y que el Nº 1 había pedido que lo ubicaran para ofrecerle un contrato parea hacerle los discursos para el Circo Ambulante de Ministros, pero no lo pudieron encontrar. No figuraba ningún Mr. Gary Baldy en el Radisson.

Después vinieron las propuestas del Vasco para rebajar los sueldos a los legisladores y ministros, y en medio del relajo todos se olvidaron de los buenos consejos sobre cómo no destruir la pradera comiéndose hasta las raíces…

Congo Bill & J. Kosinsky