Salto Merece Algo Mejor (4) LA ATMOSFERA Y “LA BURBUJA”

Hacíamos referencia en nuestra anterior nota, analizando la larga crisis de agravamiento progresivo que sufre nuestro gobierno departamental, desde hace más de una década, que hay un conjunto de ideas cuya continuidad a los largo de los años resultan de clara permanencia en las decisiones que se adoptan en la Intendencia.

La primera de ellas es que el triunfador puede apropiarse del presupuesto departamental en beneficio de sus partidarios. De 2005 a 2.010, ingresaron a la Intendencia 908 funcionarios. De 2.010 a 2.015 fueron más de 500 los nombramientos, y la actual administración, invocando la crisis económico-financiera, cesó a 253 funcionarios, para inmediatamente ingresar más de un centenar.

La segunda idea que parece obsesionar a los intendentes es un esfuerzo intenso de comunicación permanente, a partir de la premisa “somos los que comunicamos”, en lugar de  sustentar su gestión en el mensaje de la acción, donde las realizaciones están primero y la comunicación después.

Esa distorsión de la realidad, se vincula a otra idea claramente equivocada, como es creer que el dinero que aportan los ciudadanos, “es del intendente” para que este haga con él lo que le parezca, cuando en realidad su trata de recursos con fines específicos, como los más de 10 millones de dólares que se recaudan por Patente de Rodados, que debieran destinarse a la construcción y mantenimiento de los pavimentos, su señalización y ampliación.

Si una parte de los 110 millones de dólares que ingresaron por concepto de patente de rodados en los últimos 11 años hubieran sido aplicado a su destino específico las calles de Salto no estarían en su actual lamentable estado.

La suma de esta ideas claramente equivocadas, (cuando no linderas con el disparate), sufren además el efecto multiplicador de la crisis educativa que no solo afecta las capacidades de aprendizaje de las nuevas generaciones, sino que ha generado una “cultura” de desprecio al conocimiento, y la creencia de que cualquiera puede hacer cualquier cosa.

Eso no nunca ha sido así. Los resultados están a la vista. La gestión del gobierno requiere entre otras cosas un equipo de funcionarios sólido y motivado, que desde el conocimiento de cómo funciona la administración, interpreten y hagan realidad las decisiones políticas.

Oleada tras oleada de “paracaidistas”  en los niveles jerárquicos, son fuente de brutal ineficiencia, con el agravante que los funcionarios de carrera, (que saben cómo se hacen las cosas), se desaniman, se resienten y se auto-marginan, para no tener responsabilidad en el deterioro y desastre subsiguiente de los improvisados entusiastas.

Es la cultura del “más o menos”, del voluntarismo, que está en la base de los endeudamientos fenomenales de a mil millones, (ya sean pesos o dólares), que son el cierre de balance de la extraordinaria conjunción de gran afluencia de recursos reales y financieros, con una general incapacidad para convertirlos en algo concreto; aunque no para despilfarrarlos.

Ya mencionamos el asunto de la generación de un entorno de permanente halago que propicia la formación de una suerte de “burbuja” aislante, donde no pueden ingresar ni críticas, ni discrepancias, y menos aún alertas de cosas que no funcionan bien, porque en definitiva, el vanidoso es por definición “infalible”.

Pero la “burbuja” no solo tiene una función “aislante”, también genera su propia “atmósfera”, donde no solo se cultiva la vanidad del jerarca de turno, sino que insensiblemente va derivando hacia una permanente “guerra” de intrigas y comentarios maliciosos, que generan una visión distorsionada de la realidad, y por eso mismo contribuyen a la adopción de decisiones cada vez más desacertadas.

Estos fenómenos, siguen una dinámica propia, que tiende a acelerarse hasta que alcanza una masa crítica, que primero golpea al gobernante de turno, pero que finalmente recae sobre el conjunto de la sociedad, que es la que paga la factura de los desaciertos, y que aún no ha comprendido que no es solo un  problema de personas, sino de la dudosa calidad y cantidad de las ideas con que llegan al gobierno, porque solo así es posible que terminen encerrados “en la  burbuja”.

J. Llantada Fabini