Salto Merece Algo Mejor 3

LAS EXTRAÑAS IDEAS DETRÁS DE LA CRISIS

El lunes anterior señalaba que Salto merecía algo mejor de sus gobernantes, habida cuenta de la larga situación de  crisis que vive el departamento. Especialmente teniendo en cuenta que los mismos, a saber: un intendente, cuatro legisladores, un director de CTM Salto Grande y un Director de la Corporación para el Desarrollo,  tienen un costo para el bolsillo del ciudadano superior a los cincuenta mil dólares, (o un millón quinientos cincuenta mil pesos); todos y cada uno los meses del año.

Al reflexionar y analizar la crisis, concluimos que la misma es  bastante más prolongada, (una década), y que además de su naturaleza evidentemente política, es también ideológica, cultural y sistémica.

Entendiendo la “ideología” como el conjunto de ideas que presiden la adopción de las decisiones de gobierno, (en la definición de Karl Marx de la ideología como “falsa conciencia de la realidad”), es fuerza concluir que la idea más evidente, y relevante, es la de ingresar tantos correligionarios como sea posible a la administración.

La idea es en realidad más compleja, y apunta en la dirección que el triunfador debe apropiarse del presupuesto departamental en beneficio de sus partidarios. De 2005 a 2.010, ingresaron a la Intendencia 908 funcionarios. En el período de 2.010 a 2.015 fueron más de 500 los nombramientos, y la actual administración, invocando el estado de cesación de pagos, cesó a 253 funcionarios, para inmediatamente ingresar más de un centenar.

Mientras el actual Intendente se debate en el laberinto de problemas heredados y autoinflingidos, (entre ellos una solicitud fiscal de procesamiento por el delito de difamación), los restantes actores políticos rentados celebran casi sin disimulo la lamentable coyuntura que enfrenta el departamento, pretenden obtener réditos políticos de ella, y nos permite detectar otras dos ideas equivocadas.

La más notable es pensar que se puede “decapitar” una organización administrativa compleja, y substituir sus mandos por un numeroso grupo de correligionarios que con inspirada buena voluntad llevará adelante la tarea de gobierno sin que el funcionamiento general del sistema se resienta gravemente.

La segunda y no menos importante “idea”, es que la comunicación es más importante que la acción; de manera que hay un esfuerzo permanente de generar “hechos políticos-informativos”, en lugar de concentrar la gestión en la verdadera tarea del gobierno departamental.

Una falsa conciencia de la realidad comienza también a alterar la actitud de los gobernantes, que sucumben a las caricias de la vanidad, y terminan actuando con la ceguera propia de la soberbia. Podrán invocar la humildad, y aparentarla, pero en el fundo toleran y promueven un proceso que lleva a la formación de una suerte de “burbuja” aislante, donde no pueden ingresar ni críticas, ni discrepancias, y menos aún alertas de cosas que no funcionan bien, porque en definitiva, el vanidoso es por definición “infalible”.

Y de esa forma, se van generando las condiciones para un progresivo apartamiento entre la realidad y la visión que de la realidad tiene el responsable de turno de gobernar el departamento; de manera tal que las decisiones se apartan cada vez más de los “porfiados hechos” que siempre terminan teniendo razón.

En ese proceso de progresivo divorcio de la realidad que el conjunto de ideas descriptas va generando, actúa en forma creciente la percepción de que la “tarea” del Intendente es mantener contentos a los funcionarios de la intendencia. La presión de la negociación permanente, hace que los Intendentes pierdan de vista su condición de representante que eligen los ciudadanos para que garantice y vigile el funcionamiento de la intendencia, impidiendo que los intereses corporativos subordinen a su conveniencia el uso de los recursos que paga el ciudadano.

Parece que en el centro de tantas ideas confusas,  erradas o incompletas, se ha atrincherado la extravagante creencia de que los recursos de la Intendencia SON del Intendente, y este puede gastarlos según su leal saber y entender; cuando en realidad no solo se trata de dinero ajeno, que sale del bolsillo de los ciudadanos, sino que además buena parte de ese dinero tiene una finalidad específica, como los más de 10 millones de dólares que se recaudan anualmente por concepto de patente de rodados.

Quienes circulan por nuestra ciudad y reniegan contra el actual intendente, deben saber que si en los últimos 11 años se hubieran destinado el 70% de esos diez millones de dólares anuales a los pavimentos de Salto, la nuestra sería la ciudad con los mejores pavimentos del Uruguay, y había sobrado para su adecuada semaforización, señalización y mejora.

Falta aún el análisis de los aspectos filosóficos y culturales que están en la base de esta larga crisis que jaquea nuestro departamento, que quedarán para la próxima semana.

M.J. Llantada Fabini