Salto merece algo mejor… (2)

UNA LARGA CRISIS POLITICA, IDEOLOGICA Y SISTEMICA

El lunes anterior señalaba que Salto merecía algo mejor de sus gobernantes, habida cuenta de la larga situación de crisis que vive el departamento desde hace no menos de tres años. Y reflexionando sobre esa situación de crisis, y analizando la misma he llegado a la convicción que esta es bastante más prolongada, (una década), que además de su naturaleza evidentemente política, es también ideológica, cultural y sistémica.
Es política porque la génesis de la crisis está en una larga sucesión de decisiones políticas, (que comienzan en el año 2.005), es ideológica por el conjunto de ideas que presiden la adopción de esas decisiones, (entendiendo la “ideología”, como “falsa consciencia de la realidad” según la definición de Marx), es también cultural por el contenido emocional de la justificación de conductas y es finalmente sistémica, porque si bien cambian los protagonistas, estos comenten sistemáticamente los mismos errores.
Es por eso que la situación de crisis se agrava en cada administración.
Comenzó la actual crisis en 2.005, cuando ingresaron a la Intendencia 908 funcionarios, se distorsionó todo el sistema administrativo y de gestión, y como resultado la capacidad de ejecución de obras virtualmente desapareció, como lo reflejaron claramente los crecientes desvíos presupuestales, hacia salarios, horas extras, compensaciones, viáticos y propaganda.
La derrota de los vencedores de 2.005 en 2.010, fue la parte más visible del problema. Quedan por esclarecer las irregularidades sometidas a consideración de la Justicia Penal, que parece omisa en los deberes de la debida diligencia en asuntos de indudable gravedad; y falta también ponderar la gravedad moral de las decisiones y acciones políticas adoptadas DESPUES de la derrota electoral, que fueron una contribución importante a la crisis subsiguiente.
Pero más allá de la bomba de “tiempo” salarial que activó al irse la anterior administración, (cuyo efecto fue progresivo); la nueva administración, que se inició en 2.010 con un gran impulso realizador, también cometió los mismos errores, acrecentando los desequilibrios económico-financieros que terminaron (pese a las reiteradas advertencias sobre el punto) con la cesación de pagos y la derrota.
La nueva administración iniciada en 2.015, que comenzó con una refinanciación anticipada (votada antes de iniciar su gestión), por 1.000 millones de pesos; incumplió todas la promesas de la campaña electoral, despidió 253 funcionarios de la anterior administración, (para inmediatamente nombrar más de un centenar nuevos funcionarios), y antes de cumplir el año de gestión, ha ingresado en una nueva crisis política, con renuncias y destituciones de buena parte “equipo” que se anunciaba destinado a “hacer la diferencia”, con las anteriores gestiones.
Habrá notado el lector, que me he limitado a resumir, sin mencionar nombres ni partidos políticos, una continuidad referida a la gestión de la Intendencia de Salto, cuyas principales características políticas, ideológicas, culturales y metodológicas, (o de sistema), analizaré en próximas notas.
Agrego, para terminar ésta, que las últimas noticias y esfuerzos de comunicación de unos y otros, no cambian nada la situación; en realidad parecen reacciones espasmódicas, meros reflejos oportunistas antes que actos generados desde la conciencia de la crisis, que solo habrá de comenzar a resolverse cuando se asuma plenamente las razones y responsabilidades de la misma.

M. J. Llantada Fabini