LA MISTIFICACION DEL PASADO Y EL FUTURO

Por M. J. LLantada Fabini. El Parlamento ha realizado una sesión especial conmemorando los 40 años del decreto de disolución de las Cámaras; a manera de consagración de la más grande mistificación histórica perpetrada en los últimos 20 años.

Tal parecería que ese día, un grupo de militares luego de tomar unos mates resolvieron “vamos dar un golpe de estado”, y a la madrugada siguiente ocuparon el Palacio Legislativo, concretando la quiebra institucional de la República.

La “historia oficial” promovida por el actual gobierno omite del largo proceso de ataque a las instituciones, extraordinariamente relatado y documentado en “LA AGONIA DE UNA DEMOCRACIA” escrito por el Dr. Julio Mª Sanguinetti.

Tampoco se conmemoró el pasado Febrero el verdadero quiebre institucional relatado en el “FEBRERO AMARGO” del Dr. Amílcar Vasconcellos, donde predijo con admirable valentía cívica y clarividencia política los graves sucesos que se estaban gestando.

Y justamente de ese febrero de 1973 recuerdo la intensidad del sentimiento de desesperanza que me produjo la penosa soledad de la Plaza Independencia, cuando la convocatoria a “la defensa de las instituciones”, y el valor del Contralmirante Zorrilla, recibieron por respuesta la más absoluta indiferencia del parlamento y la ciudadanía.

También ha quedado en el olvido la prisión del Dr. Jorge Batlle acusado por la Justicia Militar de “ataque a la fuerza moral de las fuerzas armadas”, en el mes de octubre de 1972, por haber denunciado la actividad conspirativa de militares y tupamaros presos en el Batallón Florida.

No he visto una sola sola mención al acontecer parlamentario del pedido de desafuero de Enrique Erro, que duró desde fines de abril al 17 de Junio, ni el intento de juicio político a Erro por parte de Luis Alberto Fleitas buscando ganar tiempo y una salida a la situación.

En fin, hace cuarenta años, se precipitaron los acontecimientos que se venían gestando mínimamente desde una década atrás, en los que las responsabilidades individuales y colectivas de TODOS los protagonistas, que son bastante conocidas, habrán de ser definitivamente esclarecidas.

Todos y cada uno de ellos en ese punto de ruptura institucional tenía una visión de lo que vendría a continuación, en función de sus expectativas, que como siempre ocurre, resultaron equivocadas; no hubo triunvirato y nuevas elecciones, no hubo vuelco “peruanista”, la “huelga general” fue desactivada a instancias del Partido Comunista, en 1976 los militares asumieron el poder en forma definitiva y recién el 15 de marzo de 1985 se reinició el ciclo de gobierno electos en forma democrática.

La historia y la memoria son procesos continuos, una sucesión ininterrumpida de acontecimientos vinculados por una causalidad inexorable que exigen una gran honestidad en su análisis y relato, porque la historia es por definición objetiva y documental, mientras que la memoria es subjetiva y emocional, y por eso su mezcla es inaceptable.

Este ejercicio de memoria selectiva, en base a una versión maniquea, sesgada y mutilada, no puede ser aceptado sin dejar constancia de la profunda deshonestidad que la preside, ni puede ser excusa para iniciar, con malos modales, una discusión sobre el pasado, postergando los acuciantes temas del presente y el futuro

Porque lo más grave de esto es que los hombres, las ideas y los acontecimientos del pasado, en la segunda década del siglo XXI, persisten en su esfuerzo por mantener como prisionero de sus errores y rencores el futuro del Uruguay.