Jorge Andrade Ambrosoni. Un gran hombre. Primera parte. – Por Leonardo Vinci

Corría 1963 cuando Jorge Andrade Ambrosoni ingresaba a la Cámara de Representantes. La Convocatoria ocurrió faltando pocos días antes de finalizar la legislatura. Una vez en la Sala pidió la palabra y manifestó: He entregado a la Mesa una moción para que la Cámara celebre una sesión extraordinaria a fin de considerar el Tratado de límites sobre el Río Uruguay. Esta iniciativa está a consideración de este Cuerpo desde hace mas de un año; tiene informe favorable, pero hasta el momento no ha podido ser considerado. Esto significa, en los hechos, un escollo para las etapas futuras a cumplirse, conducentes a la construcción de la represa de Salto Grande. Es superfluo señalar el significado vasto y trascendente que esta obra tendrá para el desarrollo de la República. Por ese motivo y a los efectos de obviar inconvenientes e impedir que los enemigos de la represa del Salto Grande, representantes de oscuros intereses, inclusive del gran capital internacional encuentren un apoyo para sus fines, hago un llamamiento a la Cámara para que se decida a considerar este punto. Sería una especia de reivindicación de la propia Cámara, cuyas repetidas omisiones le han hecho caer en el descrédito público…”

Sepan las actuales generaciones valorar el esfuerzo incesante de este luchador que no tuvo descansos para lograr la construcción de Salto Grande.

Andrade predicaba que la independencia política lograda por el Uruguay era una ilusión si no se lograba la independencia económica, y que ésta vendría de la mano de Salto Grande.
Titánica fue la labor del Comité Popular del que fue su numen rector.

Su breve pasaje por la Cámara a principios de los sesenta le permitió presentar un Proyecto de Ley creando el Instituto Nacional de Citricultura.

Su avanzada concepción en torno a la integración social preveía la participación del Ministerio, la Facultad de Agronomía, las sociedades de fomento rural, las cooperativas y los sindicatos.

Destaco de esa iniciativa la posibilidad de expropiar tierras y entregarlas en enfiteusis y las vendiera a largo plazo a productores modestos, entre otros.

Ese proyecto fue la base para la Ley finalmente aprobada tiempo después.
Con la nobleza y lealtad que lo caracterizaba, en su exposición de motivos citaba conceptos del Ingeniero

Campal y mencionaba los temas ampliamente discutidos por el destacado Productor citrícola Don Pedro Solari en 1955.

Fue tan vasta su actuación en la vida de Salto que volveremos a hablar de él en próximas entregas.