¿FIN DEL MISTERIO? UNA EXPLICACIÓN RACIONAL SOBRE EL “FANTASMA” DE SALTO

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El fantasma del panteón del cementerio de Salto tiene una explicación racional, según el matemático y escritor Eduardo Cuitiño, que la ofrece en esta nota.
Hace algunos días, una foto que mostraba la presencia de una figura infantil dentro de un panteón del cementerio de Salto llegó a diarios, portales y televisión. Quien difundió la imagen, el profesor José Buslón, aseguró que junto a los estudiantes del Liceo 2 de Salto tomó varias fotografías del cementerio durante una visita cultural a la necrópolis. Al examinarlas luego, notó que aparecía la figura de un niño, pese a que el panteón estaba cerrado con candado y que no notaron nada allí en el momento.
Días después, el profesor divulgó nuevas imágenes captadas en el mismo panteón que parecen mostrar la figura de un niño. “Nuevamente se nos presenta algo en las imágenes cuya explicación racional resulta escasa para explicar la evidencia de lo observado captado por las cámaras”, dijo.

El matemático Eduardo Cuitiño, que ha investigado misterios tan dispares como la desaparición del vuelo de Malaysia Airlines, el tesoro de las Masilotti o la identidad de Jack el Destripador, realizó su propio análisis de la primera foto, que muestra supuestamente el fantasma de un niño vestido con ropas del siglo XIX, capturado por el celular de uno de los alumnos.

Cuitiño parte de una “explicación muy sensata” lanzada por uno de los propios comentaristas de Montevideo Portal (@ALEJOPE).

“El problema pasa por conocer sobre fotografía”, dice Cuitiño, que critica la tendencia de los uruguayos a opinar de todo.

“Para empezar, se debe trabajar con la fotografía original. Y la fotografía original ya trae desde sus orígenes un gran problema. El formato usado es el JPEG. Y por definición, esto implica que la foto está comprimida; es decir, ya fue modificada desde un inicio. Para la Justicia de Estados Unidos -como están las cosas en el mundo digital de hoy-, fotografías aportadas por particulares en formato JPEG no tienen valor ninguno. No sólo pueden estar modificadas con software de diseño, sino que están modificadas por la cámara que las toma desde un principio. El único formato válido es el RAW, que viene a ser la foto en bruto, como si del negativo en digital se tratase. Pero este formato es trabajado sólo por los profesionales con cámaras costosas y genera fotos que habitualmente llegan a ser de 20 Mb o más, y no son reproducidas por casi ningún portal de noticias. Una fotografía en formato RAW da la garantía que no se modificó o retocó, y éste no es el caso”, comienza Cuitiño su análisis, aunque reconoce de todas formas que “la fotografía fue tomada de buena fe por una alumna”.

“Lo que ocurrió no es nuevo, y es típico de nuestra era. Típico de la proliferación de máquinas fotográficas digitales”, agrega. “Los teléfonos inteligentes toman sus fotos por etapas, y esto puede producir ‘espíritus’. Es importante observar que varios alumnos tomaron fotos, y sólo en una cámara se observó algo raro. Si realmente había un espíritu, lo debieron capturar todos. Además, no necesariamente lo que captura una cámara digital es lo que realmente se ve”, puntualiza el matemático.

“Al contrario que el carrete analógico, los teléfonos inteligentes toman fotos por partes, de la misma forma que un escáner se mueve a lo largo de una hoja de papel. Es un proceso lento, especialmente en los lugares oscuros donde los sensores de la cámara necesitan más tiempo para capturar suficiente información para la foto. Como resultado, cualquier cosa que se mueva mientras se toma la fotografía con un celular básico puede aparecer distorsionada en las zonas oscuras, y sugerir la presencia de un ‘espíritu’. Más aún tomando fotografías en un cementerio”, dice

Justamente, “el panteón de la familia Ventura Goncálvez estaba sobre una penumbra en esa mañana”. “Si uno de los alumnos se movió repentinamente, su imagen reflejada contra el acrílico o el vidrio del panteón se pudo ver difusa en la fotografía”, indica.

A su juicio, “lo que hay que investigar quizás no pase por saber si había un niño enterrado ahí o no”. “Hay que preguntarse cómo estaban vestidos los alumnos en esa mañana al fotografiarse enfrente del panteón en la salida didáctica”, señaló.