El vendedor de humo

Por Francisco Merino Roig. Por mi formación y como ciudadano soy un entusiasta partidario de la ley 18.381, Derecho de Acceso a la Información Pública. A partir de su aprobación se comenzó a perforar el muro de silencio y secretismo que muchas veces la Administración levantaba en torno a su actividad.

Hoy organizaciones, principalmente ONGs y ciudadanos comunes pueden recurrir a este instrumento ante la negativa de facilitar información por parte de algún burócrata, quien olvida que en definitiva es un mandatario de quien requiere ese conocimiento.

Hasta aquí la teoría cargada de buenas intenciones y muchos casos de los cuales de alguno he sido testigo, principalmente los que involucran a la actual Administración Nacional, que envalentonada con mayorías parlamentarias ha ido derivando hacia un hermetismo preocupante.

Pero siempre hay algún músico que toca fuera del pentagrama; algún candidato a censor que lo que termina organizando es una venta de humo, utilizando la citada ley para judicializar temas políticos, al decir de la jueza que recientemente falló en contra del ex Intendente Ramón Fonticiella en su reclamación contra la Intendencia de Salto.

La idea era efectista: solicitar información de una serie de cheques diferidos emitidos por la Intendencia en 2012 (información que de hecho está incluida en la Rendición de Cuentas remitida recientemente a la Junta Departamental). Una verdadera cortina de humo; el reclamar pública y políticamente información sobre cheques, su número, monto, fecha, motivo, destinatario, etc., hecho que sin duda alimenta la suspicacia general en torno al manejo de los dineros públicos.

Pero la Justicia le apagó la máquina de humo al improvisado inquisidor. Y hasta le pasó un reto.

Un papelón.

Fue por lana y salió trasquilado.

Sin embargo, el Intendente Coutinho en el acto de Rendición de Cuentas del Teatro Larrañaga admitió, en actitud poco común en la actividad política, que la Intendencia se había demorado en entregar la parte pasible de ser informada legalmente y prometió corregir de futuro ese error.

En fin, dos actitudes diametralmente opuestas. Y como forma de visualizarlas recomiendo volver a ver la película “La Carrera del Siglo”, con Tony Curtis en el papel del “Gran Leslie”, un competidor impecable, transparente, al que todo le sale bien y Jack Lemmon, el inefable “Profesor Fate”, un oscuro retador al que todo le sale mal, al punto de que en varias escenas termina sofocándose a causa de la máquina de humo que le había instalado a su vehículo. Desopilante.

Sin dudas el ex Intendente salió sofocado del Juzgado.