La marihuana de hoy es más fuerte y potencialmente más adictiva que la de antaño, sugiere estudio estadounidense

La creciente potencia de la marihuana hace que sea más probable que fumarla interfiera con las vidas de los usuarios, plantea un estudio reciente.

En comparación con la marihuana de los 90, la marihuana actual contiene unos niveles significativamente más altos de THC, la sustancia que provoca la intoxicación, anota el equipo de la investigación.

Esa potencia añadida podría estar asociada con un riesgo más alto de trastorno por uso de cannabis, concluyeron los investigadores, de la Universidad de Michigan y la Universidad de Brown.

Dijeron que la concentración de THC de la marihuana confiscada por la Agencia de Control de Drogas de EE. UU. ha aumentado de forma constante, de un 3.5 por ciento en 1994 a un 12.3 por ciento en 2012.

Por otra parte, el riesgo promedio de desarrollar un trastorno por uso de cannabis aumentó en alrededor de un 40 por ciento por cada aumento de un punto de porcentaje en la potencia nacional de la marihuana, encontraron.

“Sin duda es una señal de que la potencia aumenta el potencial adictivo del cannabis”, señaló el autor sénior, Brian Hicks, profesor asociado del Centro de la Adicción de la Universidad de Michigan. Y no hay leyes sobre la potencia, añadió.

Los estados en que la marihuana es legal quizá deban refinar sus leyes para que los niveles de THC sean más claros para los consumidores, igual que se muestran los niveles de alcohol en las botellas de licor, dijeron los investigadores. Actualmente, 10 estados y Washington, D.C., permiten el uso recreativo de la marihuana, y muchos más estados permiten el uso médico.

“De verdad debemos explorar la idea de regular los niveles de potencia, y examinar cómo la potencia se relaciona con cosas que serían importantes, como la capacidad de conducción y el potencial de adicción”, dijo Hicks en declaraciones recogidas por el periodista especializado Dennis Thompson, y publicadas por HealthDay News.

“Los niveles han subido mucho en los últimos cinco años”, sobre todo en los productos de marihuana como los comestibles y los concentrados, añadió.

Pero NORML, un grupo de defensoría de la legalización de la marihuana, criticó a los hallazgos.

Estudios anteriores han sugerido que las tasas de trastorno por uso de cannabis en realidad están en declive en Estados Unidos, no en aumento, aseguró el subdirector de NORML, Paul Armentano. Y agregó que “el cannabis carece de la responsabilidad de la dependencia asociada con muchas otras sustancias controladas, entre ellas las que son legales”.

En el nuevo estudio, Hicks y sus colaboradores compararon las estadísticas federales sobre la potencia de la marihuana con datos reunidos sobre los participantes del Estudio longitudinal de Michigan, un proyecto de investigación en curso que se enfoca en las familias que tienen un riesgo más alto de trastornos por abuso de sustancias.

En concreto, buscaron síntomas relacionados con el trastorno por uso de cannabis, una afección reconocida por la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association). Esos síntomas pueden incluir una incapacidad de reducir o controlar el uso de cannabis, no cumplir con las obligaciones debido al uso de la droga, o usarla incluso en situaciones físicamente peligrosas, indicó Hicks.

Los investigadores encontraron que los usuarios regulares de marihuana que probaron la droga por primera vez cuando los niveles nacionales promedio de THC eran de un 4.9 por ciento tenían un aumento de casi el doble en el riesgo de desarrollar síntomas del trastorno por uso de cannabis en un plazo de un año.

Pero los que comenzaron a utilizar marihuana de forma regular cuando los niveles nacionales promedio de THC eran del 12.3 por ciento tenían un riesgo 4.8 veces más alto de trastorno por uso de cannabis.

El estudio “es uno de los primeros en mostrar un aumento en el riesgo de progresión al trastorno por uso de cannabis con una marihuana de mayor potencia”, aseguró el Dr. Scott Krakower, jefe asistente de la unidad de psiquiatría en el Hospital Zucker Hillside en Glen Oaks, Nueva York.

No resulta sorprendente que mientras más potente sea la marihuana, mayor sea el riesgo de que pueda conducir a un uso problemático, dijo el Dr. Harshal Kirane, director de servicios de la adicción en el Hospital de la Universidad de Staten Island, en la ciudad de Nueva York. Ninguno de los dos expertos de Nueva York participó en el estudio.

“Un principio constante de la biología que subyace a la conducta adictiva es que la potencia de una sustancia usualmente se correlaciona con su potencial adictivo”, enfatizó Kirane.

Pero en estos momentos Estados Unidos no tiene el conocimiento para fijar de forma precisa unos niveles de THC estándar, continuó.

“La base de evidencias reales sobre qué constituye un nivel razonablemente seguro de THC sigue sin conocerse”, apuntó Kirane. “Con el mismo vigor que estamos fomentando estos productos, debemos financiar y respaldar los esfuerzos de investigación para caracterizar de forma adecuada los riesgos de salud que implican el uso y el consumo del THC”.

Hicks concurrió en que investigaciones futuras deben enfocarse en temas prácticos sobre los niveles de THC en la marihuana, de manera muy parecida a cómo la investigación sobre el alcohol ayudó a los legisladores a crear con el tiempo unos niveles legales de alcohol en la sangre que indicaban la embriaguez.

Ahora mismo, Kirane dijo que la pregunta “¿cómo creamos una relación saludable con el cannabis, de la misma forma en que seguimos luchando por tener una relación saludable con el alcohol?” es la conversación más importante para la sociedad.

“Es una sustancia legal, pero tiene el potencial de importantes consecuencias para la salud”, advirtió Kirane.

Armentano, de NORML, dijo que el riesgo de dependencia de la marihuana se debe mantener en perspectiva.

“Según el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias, el riesgo del cannabis de provocar dependencia es mucho más bajo que el del alcohol, los opioides o el tabaco”, señaló.

“En el peor de los casos, la dependencia al cannabis afecta a más o menos 1 de cada 10 usuarios, una cifra que está a la par que la de ansiolíticos [medicamentos para la ansiedad] como el Valium o el Xanax, y que es solo ligeramente más prevalente que el porcentaje de estadounidenses que son dependientes de la cafeína”, dijo Armentano.

El nuevo estudio aparece en la edición del 17 de diciembre de la revista Drug and Alcohol Dependence.

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