Las supersticiones dan resultado, pero no por los motivos mágicos que el supersticioso cree

Hace mucho tiempo que los investigadores intentan comprender por qué tantas personas continúan creyendo en supersticiones, en una sociedad cada vez más marcada por el pensamiento científico y lógico. Lo hacemos para atraer la buena suerte y ahuyentar la mala.

Un estudio publicado en el año 2002 sugería que el pensamiento mágico y las supersticiones aumentaban considerablemente en momentos de estrés y necesidad de control.

Giora Keinan, responsable de la investigación, afirmaba a Psychology Today que “la posible explicación para esta relación es que el estrés reduce nuestra percepción de control de una determinada situación y para volver a tenerla, la persona adopta las supersticiones como necesidad de sentir causa y efecto “.

Además de las supersticiones más comunes hay quien tiene su propio ritual personal. Un número de la suerte, un amuleto, una prenda de vestir, etc. En ese sentido, una investigación de la Universidad de Rotterdam llegó a la conclusión de que cuatro entre cinco atletas profesionales tienen al menos un ritual supersticioso para redoblar confianza y mejorar su performance, según publica el periódico luso Diário de Notícias.

Al optar por los rituales supersticiosos en momentos determinantes, también estamos mejorando nuestro desempeño, según estudios de la Universidad de Colonia, en Alemania.

A través de afirmaciones verbales o acciones (tocar madera, desear ‘mucha mierda’), activamos los mecanismos necesarios de confianza para mejorar la performance – nuestra y de los demás – en determinado momento.

De ese modo, los amuletos, simpatías y supersticiones funcionan. No porque tengan el poder mágico de conjurar la mala fortuna o atraer el favor del destino, sino porque el rol que nosotros mismo le atribuimos nos ayuda a controlar el estrés y la sensación de falta de control, por lo que constituyen una especie de “bastón emocional” para afrontar situaciones difíciles.

Al fin de cuentas, ya lo decía el escrito Fernando Pessoa: “Saber ser supersticioso todavía es una de las artes que, realizadas a cabalidad, distinguen al hombre superior”.