DESCAMPAÑA Y SINDICATOS

“Cuando una cantidad cada vez más grande de información se distribuye a una velocidad
cada vez más alta, la creación de secuencias narrativas, ordenadas y progresivas, se hace
paulatinamente más dificultosa. La fragmentación amenaza con devenir hegemónica. Y
esto tiene consecuencias en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, con
el trabajo y con el estilo de vida en un sentido amplio.” Zygmunt Bauman.
A través de los medios de comunicación cada vez se logra de mejor manera y con mayor
eficacia y celeridad, construir realidades. Los medios por supuesto que no son neutros
sino que responden a intereses tanto de sus dueños como de colectivos que detentan
el poder y desean mantenerlo y de ser posible, profundizarlo o inclusive como sucede
en Uruguay y la región, recuperar aquella porción que han perdido en pos de políticas
de avance en derechos.
Vivimos en una época de descampaña con el engaño como principal herramienta y el
marketing como vedette para vender y comprar “realidades”, sobre todo si son de corte
alarmistas, absolutistas, que apunten a lo instintivo, a lo inconsciente y a lo básico como
ser la seguridad y los temores de toda persona, inventan y crean enemigos y por
supuesto señalan mesías para seguir acríticamente.
De esta forma aparecen cientos y miles de call center con trolls que empañan y empapan
campañas como las de Trump, Macri y recientemente la de Bolsonaro, con una
incidencia en el sentido común y en el imaginario popular para nada despreciables.
Nuestras próximas elecciones nacionales y departamentales no serán una excepción en
la región. Un triste adelanto es la descampaña que se ha armado en Salto para intentar
incidir en las elecciones internas de un sindicato pero que claramente tienen un ojo
puesto en mayo del 2020, un ensayo que necesitan para ejercitarse.
Los sindicatos no tienen la velocidad y la acumulación de información que los medios de
comunicación poseen, sino que tienen la rapidez de un grupo social organizado,
estructurado y masivo, que se reúne, discute, acuerda o vota y que decide con la
velocidad que se necesita para dar pasos seguros, si lo que se pretende es transformar
la realidad en una más justa para todos.
El problema que se suscita es que no tienen la velocidad de los operadores políticos, de
los carroñeros políticos y tampoco la de esos sujetos que necesitan constantemente los
15 minutos de fama. De esa manera se genera una desigual competencia de realidades
en una batalla de ideas y cultural que terminan incidiendo en las condiciones subjetivas
que se necesitan para cambiar o mantener las objetivas.
En esa construcción de realidades que tenemos los sindicatos debemos preanunciar la
sociedad futura y es por eso que nos conducen principios como los de la libre determinación. Un sindicato no opera ni interviene en la interna de otro, ya que respeta
la libertad que los afiliados tienen para decidir de qué manera se organizan, estructuran,
forman, etc. Por supuesto que tienen toda la libertad y la independencia para dirimir
como elegirán sus representantes.
El PIT – CNT al ser una organización de tercer nivel no puede ni debe intervenir en la
interna de un sindicato a menos que este se lo solicite y solamente será para
intermediar, no para resolver y menos aún para sentenciar. Los únicos capaces de
hacerlo son los propios afiliados.
La democracia sindical en nuestro país tiene una historia que muchos otros desearían
tener, de una construcción firme, profunda y unitaria que ha permitido avanzar a
nuestro pueblo, pero que necesita seguir integrando en sus filas a muchos más
trabajadores para que los soñadores con la restauración neoliberal no logren vendernos
su realidad.

Leonardo Dalmao