La tumba del “niño vampiro” en Italia: el descubrimiento que dejó desconcertados a los arquéologos

Un descubrimiento en un cementerio romano, en la localidad italiana Lugnano in Taverina, dejó a un grupo de arqueólogos desconcertados. Se trata del cuerpo de un “niño vampiro”, que fue enterrado hace 1600 años.

El hallazgo fue en un asentamiento de la villa di Poggio Gramignano. El supervisor de las excavaciones de la Universidad de Arizona, David Soren, contó que el chico tenía una piedra en la boca, una práctica fúnebre que se utilizaba para que los cadáveres no se levantasen de entre los muertos.

“Nunca había visto nada igual. Es extremadamente espeluznante y raro”, contó el especialista, que trabaja en esa zona hace más de tres décadas. Aunque no pudieron determinar todavía el sexo, ya lo bautizaron como “el vampiro de Lugnano”. Y confirmaron que padecía malaria en el momento de su muerte.

Un grupo de arqueólogos encontró en Italia el cuerpo de un “niño vampiro”.
Un grupo de arqueólogos encontró en Italia el cuerpo de un “niño vampiro”.
Esta tumba fue una de las últimas cinco encontradas en ese cementerio, en donde se evidenciaron miles de prácticas de brujería como huesos de sapo, garras de cuervos y calderos de bronce.

Los arqueólogos explicaron que la piedra en la boca se colocó de manera intencional, ya que querían evitar que se propagara la enfermedad al resto del pueblo.

Este tipo de entierros también se descubrieron en lugares como Venecia, en donde en 2009 encontraron el cuerpo de una mujer que también tenía una roca entre su mandíbula y la bautizaron como “el vampiro de Venecia”.

A su vez, el año pasado ocurrió algo similar en Northamptonshire, Inglaterra, con los restos de un hombre del siglo III que fue enterrado boca abajo y con la lengua cortada y reemplazada por una piedra.

“Se trata de un tratamiento mortuorio muy inusual que se ve de varias formas en diferentes culturas, especialmente en el mundo romano y que podría indicar que existía el temor de que esta persona pudiera regresar de entre los muertos y tratar de transmitir la enfermedad a los vivos”, detalló Jordan Wilson, bioarqueólogo.

Además de las piedras en la boca, también hay registros de cuerpos desmembrados, estacas en la zona del corazón y hasta cascotes pesados entre los brazos y pies. Todo para evitar que “revivieran”.

“Sabemos que a los romanos les preocupaba mucho esto e incluso llegaban al extremo de emplear la brujería para evitar que el mal, lo que sea que contamina el cuerpo, salga”, concluyó Soren, el encargado de la investigación.