Un gran hombre. Por Leonardo Vinci

Tuve la suerte de conocer desde niño a un verdadero demócrata ejemplar. Un hombre que hizo honor a su uniforme por sus actitudes principistas. Profundamente batllista, enfrentó a la dictadura militar con temple y coraje. Nunca se solidarizó con quienes,- siendo sus compañeros de armas,- atacaron a las instituciones.

Combatió con decisión a la dictadura y dejó de participar de cualquier ceremonia organizada por los usurpadores y no volvió a entrar a cuartel alguno hasta el fin del régimen de facto.

En 1980, cuando finalmente se pudo realizar reuniones en lugares cerrados con motivo del plebiscito convocado por los militares, el Coronel fue el primero en entrar al recinto donde se celebró el acto que dio inicio a la campaña por el NO en Salto.

En esa oportunidad, el Presidente de la Comisión provisoria Colorada, Don Ramón J. Vinci, diría unas breves palabras dando la bienvenida al Dr. Enrique Tarigo.

Mañana fría y lluviosa. Domingo gris. Temor en las calles. Muy pocos concurrentes.
En forma telegráfica describí el clima reinante en el cine Metropol.

Tras finalizar su discurso, Tarigo invitó a los presentes en la Asamblea a participar de un debate, y quebrando un largo silencio se escuchó la voz firme y clara de alguien que, poniéndose de pié en la platea, se identificó: Soy el Coronel Rodolfo Osorio!

Sorpresa mayúscula se llevó el Profesor Tarigo al constatar que en su auditorio se encontraba un alto oficial de las fuerzas armadas. Pero mayor atención puso a las palabras que escuchó a continuación, ya que eran de felicitaciónes y solidaridad con los conceptos expuestos rechazando el malhadado proyecto constitucional.

Desde muy jóven, Osorio se había destacado en las filas del ejército, donde dio muestras de su coraje y valor. En la década del treinta, sus superiores le ordenaron concurrir a una parada militar a la que asistiría el Presidente. Osorio se negó inicialmente, pero la orden fue reiterada. En ese entonces, Terra saludó uno a uno a los jóvenes oficiales formados. Al llegar frente a Osorio, éste se limitó a hacer el saludo militar, dejando con la mano tendida al Comandante Supremo, dando inmediatamente un paso atrás.

Convocado por sus superiores para rendir cuenta de su actitud, Osorio manifestó que él no le daba la mano a los dictadores.

En 1982 fue electo Convencional del Partido Colorado acompañando al Escribano Cazabán.
Fue reelecto en 1984 cuando tuvimos el honor de integrar la misma lista de candidatos.
Combatió a su enfermedad sin dar treguas.
Digno en la vida, enfrentó sus últimas horas con la misma dignidad con la que vivió.

Pidió especialmente a su familia que no se le tributaran honores militares ni que hubieran otras ceremonias.

En homenaje a su memoria hemos escrito estas breves líneas recordando a un auténtico republicano.
Coronel Rodolfo Osorio.
Un gran hombre.